Blog participantes.Perito Moreno (pueblo) – Esquel +/- 580 kms

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Etapa 10 – 24 de enero:

Esta vez el “Dios Inti” (el sol, para los no peruanos) nos acompañó durante la etapa. De nuevo interminables rectas con viento lateral… y seguíamos en medio de la nada, pero de verdad que nada de nada, hasta tal extremo que durante muchos kilómetros no había ni alambrados, ni armadillos ni guanacos.

Paramos para almorzar en uno de esos pueblos de la nada, Gobernador Costa, en el restaurante “El Petiso”. En efecto, el dueño un hobbit patagónico cuya altura hacía honor a su mote y de sonrisa triste. Así rezaba la dedicatoria de una foto, en la que otro hobbit patagónico amigo, le había dedicado unos versos. Menú fijo, incluido bife de chorizo “calcinado”, aunque intenté pedirlo “jugoso”. La respuesta fue contundente… “es lo que hay”. Para concluir el cuadro, a la camarera al recoger se le cayó un cubierto y se lo llevó a la cocina dándole pataditas por el suelo. Hubiese sido mejor haberlo sabido antes de empezar a comer para limpiar los cubiertos!!!
De nuevo en la ruta 40, vimos un letrero que rezaba “la cuesta del arbolito”… y en efecto, en mitad de la subida allí estaba plantado un pino de +/- 5 mts de altura, que era el primer árbol que veíamos en 1.000 kms. Estos lugareños son muy obvios.
· Llegada a Esquel al atardecer. Por fin volvíamos a la civilización y aver montañas, arboles y agua. Aprovechamos la últimas horas del día para que Gustavo se luciese en un reportaje fotográfico de estudio, cuyos modelos éramos el equipo de supervivientes.
· Llegada al hotel “Sur Sur”, cuyo dueño era un forofo motero que tenía su GS 1200 del año 2009 impecable, aparcada en la mitad del lobby, como si fuese una escultura. En este viaje uno no deja de alucinar con los personajes que se encuentra.
· Terminamos cenando en un italiano, con un cartomago, de nombre Gonzalo, que nos hizo unos juegos de magia sorprendentes. Obviamente conocía a Juan Tamariz, al que consideraba el maestro de los maestros. Acabamos como siempre durmiendo como unos angelitos.

Etapa 11 – 25 de enero: Esquel – San Carlos de Bariloche +/- 325 kms

· Etapa corta y muy relajante después de mas de mas de 1,200 kms cruzando la NADA y además con el Dios Inti acompañándonos de nuevo.

· Hoy tocaba asfalto y tierra recorriendo el Parque nacional de los Areces, bordeando los lagos y haciendo el “cabra” con derrapadas con los rinocerontes con ruedas, con los que Gustavo se esmeró para dejar pruebas fotográficas de las travesuras.

· Pudimos ver los restos de un incendio, que ya estaba caso extinguido, con las avionetas y los helicópteros intentando extinguir los últimos focos activos. De verdad que impacta ver la destrucción que genera el fuego en un entorno tan espectacular de arboles, lagos y ríos de color verde intenso y aguas trasparentes.

· La curiosidad fue comprobar por qué los argentinos son buenos publicistas… en la carretera empecé a ver letreros que anunciaban cada 50 mts: queso, bondiola, jamón, productos caseros… Uno pensaría que habrá un mercadillo o una tienda de productos regionales… pues no, era simplemente un carrito de un paisano que empujaba con ruedas que vendía estos productos. Para rematar la jugada comercial, 100 mts después de haberlo pasado, había otro cartel que decía… TE PASASTE!!!

· Paradas varias en los lagos y ríos para las fotos de rigor, para dejar las pistas de tierra y volver asfalto camino del Bolsón y Bariloche. Carretera de curvas para disfrutar del balanceo de la moto sin polvo, por el parque nacional Nahual Huapi, entre valles verdes y montañas con restos de nieve, hasta divisar el cerro Catedral, que nos daba la bienvenida al lago que da nombre al parque y a la ciudad Bariloche.

· Hacía 29 años que no pasaba por aquí. La ciudad ha pasao de ser una pequeña ciudad muy cuidada con casas de madera a una ciudad desordenada y horrible, que además estaba hasta la bandera de gente y todos los hoteles llenos. Tardamos mas de 3 horas en encontrar alojamiento digno. Iván e Inés salieron de cena romántica y Gustavo, Javier y yo nos quedamos cenando en hotel, escuchando unas historias muy divertidas de las costumbres de Juliaca, ciudad de la que es originario Javier, y de sus experiencias, algunas de ellas no aptas para niños… en esas horas de animada conversación cayeron muchas cervezas y whiskies.
Rafael Calvo.

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