Blog participantes. USHUAIA – BARILOCHE

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Etapa 7 – 21 de enero: Ushuaia – Rio Gallegos +/- 580 kms

• Esta etapa la dedicamos a la Virgen de la Cueva, por lo de “♫ ♫…que llueva, que llueva, la Virgen.. ♫ ♫. La madre de Dios la que nos cayó encima!!! Salimos de Ushuaia a media mañana y nada mas pasar la cordillera de Darwin, el suelo empezamos a encontrar el suelo húmedo… mal presagio, pero el cielo, aunque gris, las nubes eran bastante altas y no nada hacía presagiar lo que nos iba a pasar.
Martín, visionario donde los haya, después de haber revisado todas las apps de meteorología, pero sin decir nada a nadie, comentó que el prefería ir manejando la camioneta porque no quería arriesgar. Dicho y hecho, 500 kms de lluvia incesante y cada vez mas fuerte hasta que llegamos a Rio Gallegos, a las 10:30 de la noche. En cada parada nos poníamos una capa mas hasta que conseguimos parecer el “club de las cebollas pero además con chubasquero”. Además viento lateral, cada vez que te cruzabas con un camión era como entrar el un agujero negro de agua y golpes de viento. Una auténtica gozada!!!
Era la ruta de vuelta a la frontera chilena de San Sebastian y los 110 Kms de ripio. Lo único que pensé es que, dentro de lo malo, por lo menos no habría polvo. Así fue pero la lluvia, ya empezaba a convertir el ripio en un “lindo principio de barro. Todos fuimos bien y el “graduado con honores”, Javier lo hizo estupendamente.
Lo único remarcable, los personajes que nos seguíamos encontrando en este día de perros: 2 brasileros, uno en una Goldwing 1800, de la Tierra de en medio del Señor de los Anillos, por su aspecto y pequeña altura, chaqueta de cuero con el imprescindible “Live to Ride”, con música de Roberto Carlos a todo lo que daba, vaqueros y botas diminutas con tacones para poder llegar al suelo!!!, acompañándoles un “Elfo” también brasilero, en una F 800 R, con chaqueta de cuero, sin guantes y zapatillas de deporte. Os podéis imaginar en cada parada que nos encontrábamos con ellos. El de la Goldwing, increíblemente seco, pero el Elfo, iba a morir de hipotermia en cualquier momento con los pantalones empapados, las zapatillas rezumando agua a cada paso que daba y las manos azul blanquecinas y con textura de pasa, pero muy pasada!!!
No puedo dejar de mencionar al de la Super Tenere con sidecar en medio del diluvio, el sidecar más parecía un sarcófago, por lo que seguramebte le podría ocurrir a su mujer. Estoy convencido que era un psicópata asesino en seria y que la pobre mujer sería su décima víctima. Por supuesto no nos olvidemos de los ciclistas en solitario que también pedaleaban este infernal día.
En una de las aduanas le pregunté al Carabinero chileno, si este tiempo era normal o no, … agárrate, me dijo que no llovía nunca. Manda hue… con el comentario!!!
Finalmente llegamos a Rio Gallegos, como si viniésemos del mas alla!!!. Antes de ir buscar hotel nos fuimos a cenar a una Pizzeria. Todo hubiese sido normal, hasta que vimos lo que le habían traido a Javier. El juraba que pidió una milanesa, pero con pan. Lo que teníamos delante de la mesa era una especie de “brazo de gitano de 60 cms de pan lleno de cosas dentro, entre ellas, varias milanesas. Acabamos rotos y durmiendo como angelitos.

Etapa 8 – 22 de enero: Rio Gallegos – El Chalten +/- 550 kms

Lo bueno de las zonas ventosas es que tan rápido como vienen las nubes, también se van. Amaneció una mañana luminosa, que prometía un viaje espléndido y, así fue.
Salimos de Rio Gallegos por una autopista de 27 kms con farolas cada 50 metros a ambos lados de la carretera que llegaba hasta el control de policía, todo un alarde de poderío económico para demostrar que “Aquí estamos los de Rio Gallegos” … Sos Grande Argentina!!!
Volvíamos a El Calafate para recoger unas pastillas de freno de repuesto y dejar a Martín y Vanessa que regresaban a Lima y dejaban el grupo. El camino a través de la inmensidad del campo argentino sin nada que reseñar, hasta que al bajar de una especie de meseta, se plantó delante de nuestros ojos el inmenso lago Argentino de ese color intenso azul verdoso, la cordillera de los Andes nevada al fondo y al costado el rio Santa Cruz del mismo intenso color, haciendo todo tipo de meandros, casi hago un “recto” en la curva… la vista era impactante, alucinante, me faltan calificativos y, eso que ya lo habíamos visto al salir de El Calafate. Ahora me explico lo del ojo a la virulé de Ernesto Kirchner, que fue gobernador de esta provincia.
Almorzamos en El Calafate y subimos la segunda moto a la camioneta, ya que nos quedábamos sin pilotos. Ahora ya quedábamos Iván, Javier y yo. Martin y Vanessa partían en avino hacia Europa a una reunión inexcusable.
De camino para el Chaltén, tomamos la famosa Ruta 40 bajo un cielo azul con muy pocas nubes. El día prometía y, ya a 100 kms de distancia, aparecía majestuosa la cumbre del Fitz Roy. El espectáculo conforme nos íbamos acercando era cada vez mas espectacular, íbamos en la dirección de la visual de las montañas y pudimos disfrutar de la vista durante mas de una hora. Fotos de todo tipo para el recuerdo, aunque Gustavo decía que con el poniente del sol, las fotos no eran las mejores y que había que hacerlas por la mañana. Finalmente llegamos a El Chaltén.
El pueblo es como de un cuento, todo casitas pequeñas, de madera con varios comercios pequeños, heladería artesanal incluida, y lleno de gente joven mochilera. Me dió la sensación que el mas viejo del lugar era yo, claro que sólo por fecha de nacimiento…
Cenamos en un “restaurante parrilla” típico, donde las camareras parecían de la selección argentina de halterofilia por los brazos que tenían. Todo muy bueno excepto el vino que estaba tan afrutado que olía a fresas. Después, como mandan los cánones, parada en la heladería artesanal, para degustar el estupendo helado de dulce de leche y mascarpone, que tuve, muy a mi pesar, que compartir con Gustavo. Tras el helado, a dormir como bebés que teníamos una jornada larga al día siguiente.

Etapa 9 – 23 de enero: El Chalten – Perito Moreno (pueblo) +/- 580 kms (confirmar)

Amaneció lloviendo como si estuviésemos en Galicia en noviembre, yo blasfemaba en arameo y nuestro “gozo en un pozo” con respecto a las fotos con la posición del sol iluminando el Fitz Roy y las tres cumbres afiladas que están a su costado. Vestidos con nuestras mejores galas, pero como cebollas, tuvimos suerte, la lluvia sólo duró 10 kms.
Retomamos la Ruta 40 en la zona de ripio (pista de tierra). Si en algo se distingue esta ruta es precisamente porque no hay ”algo”. Es como ir en moto por mitad de Júpiter, porque salvo la inmensidad del paisaje, no hay nada de nada. Cuando se acabó el ripio, las rectas eran tan largas, que había que hacer enormes esfuerzos para no dormirse. Por suerte estaba el delicioso viento lateral, esta vez mucho mas fuerte que en Tierra del Fuego (60-65 kms), que impedía que te durmieses. Como dicen los lugareños, la Patagonia es el lugar del mundo donde mas se gastan lateralmente las llantas (neumáticos) en las rectas, por lo oblicuo que vas por el viento!!! Gustavo en un alarde lírico me comentó que por qué no mencionaba en estas notas que “La Patagonia es la casa de viento”… hay que ser cursi para decirlo, pero el aventurero fotógrafo de vez en cuando es así.
• El que suscribe, animoso como siempre, iba con marcha y disfrutando de las culeadas de la moto hasta que pinché. Bueno eso es lo que tiene este ruta motera, que te puede pasar de todo… Con la inestimable ayuda de Iván, le pusimos un “tarugo” y listo para continuar. El único problema fue el tiempo que tardamos en hinchar la rueda, utilizando el compresor que Little John nos había dejado, marca “Africanus”. Lo digo, no porque haya hecho algún Dakar con él, sino por lo viejo que estaba, ya que lo usó por primera vez Publio Escipión “el Africano”, en sus incursiones en el norte de Africa contra Aníbal el cartaginés.
De nuevo en la ruta, llegamos a almorzar a Gobernador Gregores, una especie de pueblo fantasma en la mitad de la nada, donde hay que parar a repostar, si no quieres ser pasto de los pumas de la Patagonia. El pueblo es básicamente una calle principal y algunas calles aledañas. Lo curioso es que conté 12 semáforos en la única calle asfaltada. Por supuesto luces tipo led, que además no estaban sincronizados, para intentar ordenar el tráfico y que tardaban mas de 2 minutos en ponerse en verde. Pero si no hay coches!!! Alucinas… pero es la Ruta 40.
La carretera continuaba como una auténtica pesadilla, rectas interminables, no exagero, de mas de 20 o 25 kms y el delicioso viento lateral. Iba sentado en la moto de forma oblicua, mirando con el casco hacia la izquierda para intentar no destrozarme las cervicales… y así mas de 250 kms.
Retomamos el camino la ruta hasta llegar a Perito Moreno (pueblo), Un montón de casas, junto con un destacamento militar en mitad de toda, esta inhóspita zona, por la que pasa la ruta 40. Caía la tarde y por fin había curvas y el viento venía de espaldas. Qué gozada es manejar estas bestias, rinocerontes con ruedas, que las tiras en las curvas, viéndote la sombra en la carretera y entran de una forma, que parece que estás bailando agarrado con una tía buena (en mi caso con mi mujer, que me encanta, y que echo de menos)… Perdonad la cursilería que me ha salido, pero de verdad, es que es una cosa que, sólo los que montan en moto saben a lo que me refiero… En sólo media hora, se me habían olvidado los 500 y pico kilómetros de Júpiter, el viento lateral y el pinchazo.
Llegada al hotel, si se puede llamar así, en la tele el clásico argentino (Boca-River), buena cena y un rato para escribir estas notas, antes de volver a desmayarme en la cama, no sin esfuerzo porque la contraventana no cerraba bien y el viento silbaba por la ventana que parecía como un tornado. Divino cansancio. Por la mañana me contó Iván, que el tamaño de su ducha sólo le permitió mojarse desde el esternón hacia la derecha, una prueba mas de seguíamos en medio de la nada
• , paramos en otro sitio alucinógeno… su nombre, Bajo Caracoles. No es un pueblo, ya que todo vestigio de vida humana queda restringida a una gasolinera, de obligado repostaje, si es que quieres volver a la civilización, un hostal de moteros y locos aventureros con tienda y 3 casas mas… Bien, pues en éste recóndito sitio en medio de la nada, nos encontramos con Polo, un motero/aventurero español que era muy amigo de Iván y Gustavo. Vamos, el típico sitio para reencontrarse con los amigos!!!
• Polo es un tipo peculiar, pelillos tipo rasta y barba de varios meses, ojos azules intensos y polvo por todo el cuerpo, con su Triumph Explorer que ya tenía mas 90,000 kms. Nos contó que llevaba 11 de meses de viaje por Sudamérica, que se había roto una pierna y que iba de camino a Ushuaia, con una pareja de polacos que había conocido hacía unos días. Los polacos, no le hacían de menos, llevaban 4 años de viaje por el mundo, habían comprado una moto en Canadá y querían llegar a Punta Arenas para vender la moto y comprar los pasajes de vuelta a Polonia.
Yo pensé que Polo estaría ya al final de su viaje, pero no, él continuaba el suyo. Después del periplo sudamericano, se iba a dar la vuelta a África. Tenía previsto volver a España dentro de un año mas!!!. Eso sí, como está casado, llevaba un SPOT (artilugio de localización), para enviar mensajes a su mujer, que venía a verle periódicamente allá donde estuviera. Faltaría mas, todo un detalle!!!. Yo todavía no estoy tan loco, o quizás tan cuerdo como él, pero se le veía absolutamente feliz y, cuando escuchabas sus historias y los sitios por los que había pasado, la verdad es que te daban ganas de acompañarle (un ratito, claro).

· Retomamos el camino la ruta hasta llegar a Perito Moreno (pueblo), Un montón de casas, junto con un destacamento militar en mitad de toda, esta inhóspita zona, por la que pasa la ruta 40. Caía la tarde y por fin había curvas y el viento venía de espaldas. Qué gozada es manejar estas bestias, rinocerontes con ruedas, que las tiras en las curvas, viéndote la sombra en la carretera y entran de una forma, que parece que estás bailando agarrado con una tía buena (en mi caso con mi mujer, que me encanta, y que echo de menos)… Perdonad la cursilería que me ha salido, pero de verdad, es que es una cosa que, sólo los que montan en moto saben a lo que me refiero… En sólo media hora, se me habían olvidado los 500 y pico kilómetros de Júpiter, el viento lateral y el pinchazo.

Llegada al hotel, si se puede llamar así, en la tele el clásico argentino (Boca-River), buena cena y un rato para escribir estas notas, antes de volver a desmayarme en la cama, no sin esfuerzo porque la contraventana no cerraba bien y el viento silbaba por la ventana que parecía como un tornado. Divino cansancio. Por la mañana me contó Iván, que el tamaño de su ducha sólo le permitió mojarse desde el esternón hacia la derecha, una prueba mas de seguíamos en medio de la nada.
Rafael Calvo.

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